Cómo la fe crea aprendices de toda la vida

Cómo la fe crea aprendices de toda la vida

La fe alienta la curiosidad y las preguntas

Comentario

Hoy se habla mucho sobre la necesidad de “estudiantes de por vida”: individuos que viven una ética de educación continua y desarrollo intelectual para adaptarse a un mundo de cambios rápidos y constantes. Durante esta "era de aceleraciones" [1], cuando fuerzas como la tecnología, la globalización y la pérdida de biodiversidad se aceleran a la vez, el aprendizaje permanente ya no es más un hobby, es una necesidad.

       

Muchas son las motivaciones para continuar aprendiendo. Hoy, las multitudes se ven obligadas a mantener su conocimiento al día porque su seguridad temporal depende de ello. Otros disfrutan de la educación como una afición posterior a su carrera o posterior a la jubilación. Algunos pueden abordar el aprendizaje con una combinación de estas motivaciones o algo completamente diferente. Cualquiera que sea el motivo, ninguno es más poderoso que el estímulo silencioso y oculto de la religión y la fe personal.

El aprendizaje permanente abarca mucho más de lo que uno aprende en el aula. Como dijo el segundo profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Brigham Young, toda esta vida es “una gran escuela” de infinitas oportunidades de aprendizaje. [2] Aprendemos en nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras iglesias y en todos los lugares intermedios. El difunto presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley (1910-2008), tenía en mente la vasta amplitud y profundidad sin fin de la educación cuando hablaba de la urgencia del aprendizaje continuo. “No puedes permitirte parar”, dijo. “No debes descansar en tu desarrollo. Hay tanto que aprender y tan poco tiempo para aprenderlo”. [3]

Muchas religiones predican la importancia de la adquisición del conocimiento y el desarrollo de la inteligencia. Un prominente rabino judío llama a la inteligencia “el mayor regalo de Dios para la humanidad” [4]. La escritura de los Santos de los Últimos Días dice “la gloria de Dios es la inteligencia” [5] y anima a los miembros de la Iglesia a buscar el aprendizaje “de los mejores libros”. [6] Y el Corán enseña que el “verdadero temor de Dios” se realiza solo por aquellos “que tienen conocimiento”. [7]

De hecho, para muchas personas de fe, el aprendizaje permanente reclama el estado digno de ser una de las más altas prioridades de Dios para la humanidad. Aquí hay algunas razones por las cuales:

La fe proporciona un marco para ayudar a uno a adaptarse al cambio

La Biblia está repleta de relatos de aquellos que aprendieron a adaptarse a las nuevas circunstancias. Adán y Eva aprendieron a vivir una nueva vida fuera del Jardín del Edén. Los hijos de Israel bajo Moisés aprendieron a adaptarse a una nueva vida fuera de Egipto. Y los israelitas cautivos aprendieron a vivir fuera de su querida Jerusalén durante 70 años.

      

Algunas de las lecciones más perdurables de la vida se producen durante tiempos de fracaso y cambio a medida que reconsideramos la forma en que hacemos las cosas y nos empeñamos en la búsqueda de soluciones. En este contexto, un marco de fe es una luz brillante debido a su constante insistencia en la esperanza eterna y un propósito y plan más elevados para la vida. Tener un propósito más grande que uno mismo ayuda a mantener la calma al enfrentar las dificultades. Aunque no todos están de acuerdo, sin embargo, para muchos es una realidad reconfortante que el Dios del universo tiene el control y quiere lo mejor para todos nosotros.

La fe alienta a las personas a buscar activamente el aprendizaje

La autora Dorothy Sayers dijo: “El único y verdadero fin de la educación es simplemente esto: enseñar a los hombres a aprender por sí mismos”. [8] A otra autora, Ellen Parr, se le atribuye el siguiente dicho: “La cura para el aburrimiento es la curiosidad. No hay cura para la curiosidad”.

La fe alienta la curiosidad y las preguntas. Los verbos “preguntar”, “buscar” y “tocar” ocurren, colectivamente, más de 500 veces en la Biblia. En la fe judía, según un rabino, “es un deber religioso enseñar a nuestros hijos a hacer preguntas” [9]. El cuestionamiento de Martín Lutero del dogma católico condujo a la Reforma Protestante. Las preguntas de José Smith a Dios llevaron a la fundación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y tres nuevos libros de Escrituras. Quizá lo más famoso sea lo que Cristo enseñó a sus seguidores: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” [10].

Este no es un patrón pasivo de aprendizaje, sino uno que invita a las personas a buscar el saber por sí mismas.

La fe acentúa la humildad hacia lo que no sabemos

Uno de los grandes peligros del aumento del conocimiento es la tentación de pensar que lo sabemos todo. Pablo del Nuevo Testamento enseñó que “Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo”. [11] En 1969, el líder mormón Hugh B. Brown lo expresó de otra manera, señalando que incluso con las muchas verdades importantes proclamadas por su Iglesia, “hay una parte incomprensiblemente mayor de la verdad que aún debemos descubrir”. [12]

    

Tal descubrimiento ocurre naturalmente en la comunidad, un lugar familiar para las personas de fe. Aprovechar el potencial intelectual colectivo y la experiencia de nuestros compañeros hombres y mujeres proporciona un tipo de aprendizaje acelerado. Como escribió el fallecido Paul Kalanithi, “El conocimiento humano nunca está contenido en una persona. Crece a partir de las relaciones que creamos entre nosotros y el mundo, y aún así nunca se completa". [13] Como dijo Jesús: “Uno es el que siembra y otro es el que siega”. [14]

La fe coloca un lente eterno en la adquisición del conocimiento

C.S. Lewis escribió que “todo lo que no es eterno está eternamente desactualizado”. [15] En la tradición mormona, José Smith dijo que lo único que podemos llevarnos al morir es el aprendizaje que hemos almacenado en nuestras mentes. “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección”. Además, dijo: “y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia ... hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero”. [16] Por lo tanto, el aprendizaje permanente se trata de mucho más que asegurar la salvación temporal de uno.

El aprendizaje no es una actividad exclusiva de esta vida. Una enseñanza de Brigham Young deja esto en claro: “No esperamos dejar de aprender mientras vivimos en la tierra; y cuando pasamos por el velo, esperamos seguir aprendiendo” [17].

En un momento en que el aprendizaje permanente es una práctica esencial, nada podría ser más útil para la sociedad que aquellos que ponen una lente eterna en la adquisición del conocimiento.

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[1] Thomas L. Friedman, Thank You for Being Late: An Optimist’s Guide to Thriving in the Age of Accelerations.

[2] Brigham Young, Journal of Discourses, 12:124.

[3] Enseñanzas de Gordon B. Hinckley, 298–99.

[4] Rabbi Lord Jonathan Sacks, http://rabbisacks.org/necessity-asking-questions-bo-5777/

[5] Doctrina y Convenios 93:36.

[6] Doctrina y Convenios 88:118.

[7] Qur’an, 35:28, Oxford World’s Classics edition.

[8] Dorothy Sayers, The Lost Tools of Learning.

[9] Rabbi Lord Jonathan Sacks, http://rabbisacks.org/necessity-asking-questions-bo-5777/

[10] Mateo 7:7.

[11] 1 Corintios 8:2, Reina-Valera 2009.

[12] Hugh B. Brown, An Eternal Quest—Freedom of the Mind, Brigham Young University Speeches of the Year (May 13, 1969), 12.

[13] Paul Kalanithi, When Breath Becomes Air.

[14] Juan 4:37, Reina-Valera 2009.

[15] C. S. Lewis, The Four Loves.

[16] Doctrina y Convenios 130:18–19.

[17] DBY, 91.

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