Los frutos de la cosecha

Los frutos de la cosecha

¡Es realmente una obra maravillosa y un prodigio!

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A los pocos días de regresar a Guatemala para servir una misión de tiempo completo para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, donde sirvió como misionero hace más de cuatro décadas, el élder Tim Fisher fue a ver las instalaciones de entrenamiento del Centro de Capacitación Misional de la Ciudad de Guatemala, cerca al Templo de la Ciudad de Guatemala, donde él y su esposa Nancy estarían sirviendo durante los próximos seis meses.

Al entrar al CCM, el élder Fisher se reunió con el supervisor de mantenimiento de las instalaciones, Francisco Dubón. De inmediato quedó claro para el hermano Dubón que el élder Fisher había aprendido español hacía algún tiempo.

"¿Dónde aprendió español?", le preguntó el hermano Dubón.

"Serví una misión aquí (en Guatemala) hace 41 años", respondió el élder Fisher.

"¿Sirvió en Salamá?", le preguntó el hermano Dubón.

"Sí", contestó el élder Fisher.

Al mirar el gafete del élder Fisher, el hermano Dubón le dijo: “Usted es el élder Fisher, quien contactó por primera vez y enseñó a mi padre, Julio Dubón, en Salamá. ¡Gracias! ¡Gracias por llevar el evangelio a nuestra familia!"

El hermano Dubón procedió a compartir con el élder Fisher la historia que a él le contaron durante toda su vida acerca de cómo sus padres conocieron la Iglesia y cómo se unieron a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuando tenía siete años de edad. Parecía saber mucho del élder Fisher y su compañero, el élder Dester.

De esta experiencia el hermano Dubón dice: "Hace un par de meses llegó un obrero (del templo) a pedir permiso para usar el gimnasio del CCM. Hablaba muy bien el español y le pregunté donde había aprendido el idioma. Me dijo que en Guatemala. Yo le dije si él había sido misionero haría unos 40 años y él me dijo que si. Le pregunte si había servido en Salamá y me dijo que si. Cuando yo le dije: ‘Usted les enseñó el evangelio a mis padres’, él se quedó sorprendido. Luego de una amena charla con él toda nuestra historia coincidían. Sólo la obra misional logra eso. A pesar que el élder Fisher contactó a mi padre, a mí nunca se me olvidó el nombre de él”.

"El élder Dester y yo abrimos Salamá para la predicación del evangelio en enero de 1976", dijo el élder Fisher. "Hice el primer contacto y enseñé una charla a su padre y le dejó con mi testimonio del evangelio de Jesucristo. Después de irme, el élder Dester y el élder Delgado (el misionero que me reemplazó) continuaron enseñando a sus padres y ambos se bautizaron en julio de 1976 ".

El hermano Dubón le dijo al élder Fisher que, después de los humildes comienzos de su trabajo en Salamá hace más de cuatro décadas, ahora había una rama grande y fuerte de la Iglesia que ha enviado a más de 70 misioneros a todas partes del mundo.

“Estaba impresionado. Me asombró que conociera mi nombre, asombrado por el crecimiento del Evangelio en esta pequeña y hermosa ciudad que abrimos hace más de 40 años”, comentó el élder Fisher. “Me siento muy honrado y agradecido de que el Señor me haya dado esta bendición de conocer al hermano Dubón en los primeros días de mi regreso a Guatemala, y escuchar los frutos de nuestras primeras labores y recibir un gran testimonio del poder de hacer un contacto para el Señor ¡Realmente es una obra maravillosa y un prodigio! El Señor claramente me bendijo con esta experiencia tierna al comienzo de la misión que recién estamos comenzando ".

El hermano Dubón gentilmente invitó al élder Fisher y a su esposa a asistir a las reuniones dominicales el siguiente domingo, y a cenar en la casa de su hermano donde se encontrarían con otros miembros de la familia. La madre del hermano Dubón no estuvo presente ya que estaba en Texas, EEUU por unos meses. Los Fisher están haciendo planes para visitarla en Salamá tan pronto como llegue.

“Le dije al hermano Dubón que no podía imaginar una mejor bienvenida a Guatemala que conocerlo a él y a su familia y que estoy muy agradecido de que el Señor nos haya reunido”, dijo el élder Fisher.

Pero la historia no termina ahí.

Durante la cena con la familia Dubón, el élder Fisher descubrió que la hermana Dubón era originaria de Quetzaltenango, la última ciudad donde el élder Fisher sirvió. Resultó que la hermana Dubón conocía bien a la familia Boj a quien el élder Fisher había enseñado y bautizado.

Los Fisher hicieron arreglos para visitar Quetzaltenango y a la familia Boj. La hermana Fisher dijo que no sabía muy bien qué esperar. “Con mi español limitado, estaba un poco aprensiva pero emocionada. Lo que sí sabíamos, antes de nuestra llegada, era que el padre de esta familia había enmarcado nuestra invitación de boda del templo que le enviamos hacía 41 años. La había colgado en la pared de su dormitorio durante todos estos años”. Fue un recordatorio para la familia Boj de su gratitud al misionero que los introdujo al Evangelio.

A la mañana siguiente de su llegada a Quetzaltenango, una de las hijas de Timoteo Boj, Yolanda, y su esposo Ricardo, recogieron a los Fisher en su hotel. Se saludaron con abrazos. La hermana Fisher dijo: “Desde el primer abrazo y beso en la mejilla, sabía que iba a ser un día extraordinario”.

Después de llegar a la casa de la familia Boj, el élder Fisher sintió regresar 41 años cuando tocó la misma puerta que había tocado tantas veces. Dijo que cuando empezó a visitar a la familia Boj, tres de los hijos, Sandra, Obdulio y Rudy ya eran miembros de la Iglesia.

Por muchos años, los misioneros habían intentado compartir su mensaje con los padres, pero el hermano Boj se escabullía por la puerta trasera cada vez que aparecían los misioneros. Sus hijas, Yolanda, Verónica e Ingrid siempre respondían. Cuando corrían a decirle a su padre que estaba en la puerta, él se desaparecería.

Una noche, el élder Fisher decidió cambiar la manera de presentarse a la puerta. Mientras caminaban por la calle para visitar a la familia Boj, el élder Fisher le preguntó a un extraño en la calle si podía ir y llamar a la puerta de Timoteo Boj para preguntar por él. El élder Fisher le dijo que querían sorprender a este amigo que no habían visto por mucho tiempo (lo cual era cierto) y que sus hijas probablemente abrirían la puerta.

El élder Fisher continuó diciendo que cuando las chicas fueron a buscar a su padre, los misioneros se pusieron en lugar del extraño. Funcionó. El hermano Boj era demasiado cortés para rechazar el apretón de manos de estos dos misioneros. Los invitó a entrar, y escuchó su mensaje.

Después de la charla, una de las niñas ofreció la oración esa noche, como siempre lo habían hecho cuando los misioneros los visitaban, pero esta era la primera vez que su padre se había arrodillado junto a su familia y escuchado su oración sincera. La niña humildemente pidió: “Padre Celestial, por favor bendice a nuestro padre para que deje de endurecer su corazón y que se arrepienta de sus pecados y se bautice”.

El élder Fisher dice que siente que “fue la oración de una niña lo que tocó el corazón de este buen hombre”. Unos meses después, Timoteo y su esposa Eva se bautizaron, y menos de un año después, el hermano Boj bautizó a sus hijas gemelas cuando cumplieron ocho años, las mismas que habían orado con tanta sinceridad para que su padre se uniera a la Iglesia. Edwin y Elvis, los otros dos hermanos, también fueron bautizados.

Cuando los Fisher llegaron a la casa de los Boj, él y su esposa esperaron en la sala mientras Yolanda fue a buscar a sus padres, que ahora tienen 84 años. El hermano Boj estaba vestido con traje, camisa blanca y corbata, y la hermana Boj vestía su mejor corte guatemalteco y huipil. El hermano Boj estaba tan emocionado que apenas pudo dormir la noche anterior, en espera de reunirse con el élder Fisher nuevamente.

Fue un día lleno de emoción para los Fisher y los Boj mientras pasaban el día celebrando.

Mientras que los Fisher pasaban el día retomando su relación con los Boj y su familia extendida, les contaron que ellos habían sido sellados en el templo y que tres hijos habían servido como misioneros de tiempo completo, que los cuatro habían servido como obispos, y que otros miembros de la familia habían tenido diferentes llamamientos.

La culminación de la reunión fue una presentación de diapositivas de la familia Boj a lo largo de los años. La primera foto era sobre el sellamiento del hermano, la hermana Boj y sus hijos en el Templo de Arizona, cuatro años después de su bautismo en 1980. Sobre esta imagen se superpusieron las palabras: “Gracias élder Fisher, salvando cuatro generaciones”.

El élder Fisher resumió la experiencia. “Esta maravillosa familia tan fiel es un gran testimonio de la mano del Señor en sus vidas y la veracidad del Evangelio. Una vez que la semilla fue sembrada, el Señor hizo un gran trabajo con su corazones y deseos honrados. Su cosecha ha continuado por cuatro generaciones”.

El élder Fisher comentó que, además de los Dubón y los Boj, continúa haciendo contactos con personas que conoció y enseñó hace más de 40 años y que siente que el Señor lo envió de regreso a Guatemala por una razón: disfrutar de los frutos de la cosecha y testificar de lo que el Señor puede hacer con nuestros humildes esfuerzos en la obra misional.

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