Misionero terminará el trabajo de su padre

Misionero terminará el trabajo de su padre

Servir una misión para la Iglesia siempre fue algo que Ethan Carter había planeado

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El 24 de agosto de 2008, un avión que transportaba 14 personas a Sepamac, Senahú, Alta Verapaz para un proyecto de servicio humanitario, tuvo problemas con el motor 45 minutos después del despegue. Su intento de hacer un aterrizaje de emergencia falló y se estrelló, matando a 11 personas a bordo, incluyendo a John Carter, quien dejó una esposa y tres hijos.

 

Ethan, el niño mayor de nueve años, recuerda el incidente con gran tristeza. “Recuerdo que estaba en la casa de mis abuelos. Mi obispo y el presidente de estaca vinieron a la casa y me preguntaron si podían hablar con nosotros. Yo estaba un poco confundido cuando me explicaron lo que había sucedido”.

El obispo es el líder de una congregación local (conocida como barrio) de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y tiene deberes similares a los de un pastor, un sacerdote o un rabino. Una estaca, que es comparable a una diócesis católica, está compuesta de varias congregaciones (barrios) y el líder es el presidente de estaca.

Nueve años después, Ethan tendrá la oportunidad de brindar un tipo de servicio algo diferente al pueblo de Guatemala. Ethan, quien fue llamado como un misionero de tiempo completo para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y asignado a trabajar en la Misión Central de la Ciudad de Guatemala por dos años, llegará al Centro de Capacitación Misional de la Ciudad de Guatemala el miércoles 27 de septiembre de 2017.

“Guatemala siempre ha tenido un lugar especial en mi corazón por lo que pasó", dijo Ethan. “Yo estaba un poco nervioso cuando abrí mi llamamiento (carta) misional. Tomé un momento para asimilarlo. Sé que hay una razón para ir a Guatemala. Espero que ayude a mi familia a sanar las heridas y los pensamientos sobre Guatemala pasarán de la tristeza a buenos y felices pensamientos”.

Servir una misión para la Iglesia siempre fue algo que Ethan y su familia habían planeado. “Siempre he sabido que serviría una misión. Eso nunca fue una pregunta. Mi papá y mis tíos sirvieron misiones y siempre hablaban de sus experiencias. Era algo que yo siempre esperaba”.

La madre de Ethan, Lisa Reeder, admite que una de las cosas más difíciles para una madre de un misionero es dejar salir a su hijo (o hija) por dos años a un lugar completamente diferente, pero ella está llena de paz. “Abrir la carta misional de mi hijo fue una experiencia muy espiritual. Sabía sin dudas que nuestro Padre Celestial está en los detalles de nuestras vidas cuando oí las palabras: Misión Ciudad de Guatemala Central. Se podría pensar que la noticia me sacudiría, pero, todo lo contrario. Yo estaba llena de una tranquilidad y paz tan más hermosa. Sé que esta misión cambiará las eternidades. Sé que las vidas cambiarán, los corazones se suavizarán y el amor sanará las heridas. Estoy muy agradecida que nuestra familia será parte de estos milagrosos dos años”.

“Cuando leí por primera vez mi llamamiento misional, miré a mi mamá. Sabía que sería difícil al principio, especialmente para ella. Pero, mientras hablábamos más con la familia, sabíamos que sería una buena oportunidad. Hay emociones mixtas por todas partes, pero tendré la oportunidad de servir por amor a la gente de Guatemala”, dijo Ethan.

Ethan, quien estudió español por cuatro años, dijo que siempre se ha sentido atraído por la gente y la cultura de Latinoamérica. “Me parece interesante lo humilde que son los latinos. Antes de recibir mi llamamiento, esperaba ir a Centro o Sudamérica”.

La hermana Reeder dice que Ethan era un niño fácil de criar y que “no necesitaba padres, sólo un techo sobre su cabeza”. Ella agregó: “Será un gran misionero”.

“Yo estaba hablando con mis tíos y abuelo y todos estuvieron de acuerdo en que voy a ir a Guatemala para terminar el trabajo de mi papá”, dijo Ethan.

El programa misional de la Iglesia es una de sus características más reconocidas. Los misioneros pueden ser solteros entre las edades de 18 y 25 años, mujeres solteras de 19 años o más o matrimonios jubilados. Los hombres solteros prestan servicio misional por dos años y las mujeres solteras por 18 meses.

Los misioneros reciben su asignación de las Oficinas Generales de la Iglesia y sólo se les envía a los países donde los gobiernos permiten que la Iglesia funcione. Los misioneros no solicitan que se les asigne a determinada área ni saben de antemano si será necesario que aprendan un idioma.

Antes de ir a su área asignada, los misioneros pasan un corto lapso de tiempo en uno de los 17 Centros de Capacitación Misional que se encuentran por todo el mundo. Allí aprenden a enseñar el Evangelio de una manera ordenada y clara y, si es necesario, comienzan a aprender el idioma de la gente a la que van a enseñar.

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