Comunicado de Prensa

20 Aniversario del Año Internacional de la Familia  

La obra que hacemos en la familia sobrepasa cualquier otra actividad

En 1989, en su resolución 44/82, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 1994 Año Internacional de la Familia, con miras a crear una mayor conciencia de las cuestiones relacionadas con la familia y mejorar la capacidad institucional de las naciones para hacer frente, mediante la aplicación de políticas amplias, a los problemas relacionados con la familia. 

Algunas de las cuestiones más comunes tienen que ver con el fortalecimiento de la capacidad de la familia para atender sus propias necesidades, el equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades familiares, la reducción de la violencia doméstica y el alivio de la pobreza. 

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha enseñado desde sus inicios la importancia de la familia y su lugar sagrado en los fines de Dios.

La familia es ordenada por Dios. Es la unidad más importante que hay en esta vida y en la eternidad. Aun antes de nacer en la tierra formábamos parte de una familia. Cada uno de nosotros “es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales” con “una naturaleza y un destino divinos”

Como parte del plan de nuestro Padre Celestial, nacimos en una familia. Él estableció las familias para traernos felicidad, ayudarnos a aprender principios correctos en un ambiente amoroso y prepararnos para la vida eterna.

En un discurso por James M. Dunn tenemos un buen mensaje sobre la familia:

“Vivimos en un mundo de marcadas diferencias: tierras, culturas, razas y lenguas diferentes. Por lo menos hasta cierto grado, debemos creer que esa es la manera que Dios lo dispuso. El Evangelio nos enseña que a pesar de tales diferencias, todos somos hijos del mismo Padre Celestial. La raza humana es una familia y, por lo tanto, todos somos hermanos y hermanas.

“Como hermanos y hermanas, debemos ver que nuestro [Dios] ama a Sus hijos por igual, como lo haría cualquier buen padre terrenal. La cortesía, la bondad, la generosidad y el perdón son elementos de la conducta apropiada que debe existir entre los miembros de una familia. Imagínense la desilusión que siente un Padre perfecto y amoroso que ve que Sus hijos se tratan mal. 

“Muchos de los hijos de Dios viven como si no hubiese un juicio final; se ocupan de buscar comodidades, ganancia y placer. De tales personas, Nefi, profeta de la antigüedad, dijo: “Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien” (Libro de Mormón 2 Nefi 28:7)*. Muchos complican su error cuando sacan en conclusión: “No obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas las cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios” (2 Nefi 28:8).

“Como resultado de esa equivocada manera de pensar, el mundo está lleno de atracciones morbosas y lascivas. Vemos a jovencitos que no quieren casarse; a jovencitas que en forma insensata renuncian a su virtud en su búsqueda de relaciones lujuriosas; a parejas que a propósito rehúsan tener niños o que optan por el “hijo que exponen como trofeo” porque una “familia” interferiría con los planes de aventuras, diversión o máxima ganancia financiera.

“Sin embargo, hay millones de [personas] por todo el mundo que a diario se esfuerzan: “[Por vivir] de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Doctrina y convenios 84:44). Ellos planifican su vida y la viven de acuerdo con la voluntad revelada de nuestro Padre Celestial; trabajan duro, estudian mucho y oran con ahínco. Saben ser serios y saben divertirse; escuchan la Palabra y la obedecen; conocen el significado de la ley de sacrificio y las bendiciones que reciben al vivirla. Esas personas fieles ayudan a los demás y los respetan; aman a los pequeños y a los ancianos y los cuidan; se destacan por sus buenos modales y elevadas normas morales y guían por medio del ejemplo en su hogar, en su vecindario y en su comunidad. Dios los ama y los bendice. Las palabras de Él son palabras para vivir, palabras que “…son ciertas y no fallarán…” (Doctrina y Convenios  64:31). (James M. Dunn, Abril 2003)

Thomas S Monson, Presidente de la Iglesia (1/2014), dijo: “La felicidad no consiste en la abundancia del lujo, el concepto del mundo de “pasarlo bien”; ni debemos buscarla en lugares lejanos y exóticos. La felicidad se encuentra en el hogar.

“Todos recordamos el hogar de nuestra infancia. Es interesante que nuestros pensamientos no reparen en si la casa era grande o pequeña, en si el vecindario era elegante o pobre, sino que nos regocijamos con las vivencias de lo que pasamos en familia. El hogar es el laboratorio de nuestra vida y lo que aprendamos en él determinará en gran medida lo que hagamos cuando abandonemos el techo paterno.”

Véase el discurso completo en: http://www.lds.org/general-conference/2003/04/words-to-live-by?lang=hye&clang=spa&country=am

Véase: La Familia: Un Proclamación para la Familia http://www.lds.org/topics/family-proclamation?lang=spa

*Véase: http://www.lds.org/topics/scriptures?lang=spa  para saber más sobre escrituras de la Iglesia

 

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