Comunicado de Prensa

Vida de Misionero

El artículo que se halla a continuación es una transcripción literal de una publicación aparecida en La Prensa de Nicaragua el 1 de octubre de 2010.

Por Geraldinne González

Estar lejos de tu país y tu familia, ya sea por motivos de trabajo o estudio, puede ser una experiencia difícil para muchos, pues eso implica adaptarte a nuevas costumbres y tradiciones. Sin embargo, hay jóvenes que están dispuestos a vivir esa experiencia.

Seguramente, más de alguna vez has visto caminando por la calle algún par de jóvenes extranjeros vestidos de camisa blanca, pantalón negro y corbata. Ellos son jóvenes misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y el hecho de abandonar su país por dos años es motivo de orgullo y alegría, pues tienen la misión de predicar el evangelio para que puedan acercarse a Cristo. Estos chavalos son llamados mormones.

Los mormones pertenecen a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una congregación religiosa fundada por Joseph Smith, en Nueva York en 1830.

La misión de ellos es invitar a las personas a venir a Cristo y perfeccionarse en Él. Como parte de eso, los jóvenes dignos, miembros de la Iglesia, sirven dos años de su vida para la misión de evangelización. Dos años que pasan lejos de su país, su familia y de sus amigos.

Sus nombres son un misterio — nunca lo revelan— pues durante los dos años que dura la misión, deben ser llamados “Elder” más su primer apellido, pues es un título que significa Misioneros.

Te contamos que para poder ser parte de esta misión, estos jóvenes tienen que pasar un proceso de preparación. Primeramente deben ser jóvenes dignos, es decir, no cometer pecados graves antes de la misión, deben ser miembros fieles. Llenan una carpeta con sus datos personales que es enviada a las oficinas generales de la Iglesia, donde el profeta, y mediante revelaciones es que decide a dónde serán asignados para su misión. El destino de dos de ellos fue Nicaragua.

Elder Molina tiene 20 años y lleva 9 meses en Nicaragua. Él es originario de Guatemala y está prestando una misión en el país. Su compañero, Elder Consoliver, también de 20 años, lleva 3 meses lejos de su hogar. Él es originario de Wyoming, Estados Unidos.

En ese tiempo una de las situaciones más difíciles fue el inicio, pues era la primera vez que estaba fuera de su país en un lugar con otro idioma y otras costumbres.

Ambos “Elderes” se vieron motivados a emprender esta misión luego de ver que sus padres y hermanos lo habían hecho, entonces sintieron la necesidad de entregarse. “Al principio yo no tenía muy fuerte el deseo de ir, no me llamaba la atención. Conforme fui creciendo me di cuenta que tenía que decidir qué iba a ser de mi vida, y descubrí que mi papá y mi hermano habían logrado tener una vida muy buena después de ir a la misión, entonces yo le pregunté a Dios qué era lo que tenía que hacer”, comenta Elder Molina, con la sonrisa amable que le caracteriza.

Durante el tiempo que dura la misión, ellos pueden comunicarse con sus familias a través del correo electrónico, los días lunes. Las llamadas telefónicas son permitidas únicamente en dos ocasiones en el año: el Día de la Madre y Navidad.

Molina y Consoliver abandonaron por estos dos años sus estudios y sus trabajos. Ellos no pueden dejar novia en su país, ni en el lugar de misión, pues sus mentes deben estar totalmente concentradas en el propósito que tienen. Una vez terminada la misión, retoman su vida normal, es decir, continúan con sus estudios o trabajo y se les recomienda buscar una novia para casarse y formar una familia para la eternidad.

Para el casamiento por la Iglesia se han designado varios templos en el mundo para que las parejas mormones puedan llegar a sellar su compromiso. En Nicaragua aún no existe ningún templo, los más cercanos están en Guatemala, Costa Rica y Panamá.

Los gastos que implica la misión, como su alimentación y hospedaje, son costeados por las familias. Elder Consoliver cuenta que su familia paga por al menos 3 misiones, pues los misioneros estadounidenses tienen mayor facilidad de pago que los latinos y ayudan a aquéllos que no pueden costearlas. Elder Molina, por su parte, nos contó que su familia pagó un porcentaje de los gastos de la misión, la otra parte es cubierta con los diezmos de los miembros de la Iglesia.

Al estar en misión, estos jóvenes alquilan una habitación para vivir, dependiendo de la zona donde hayan sido asignados. Constantemente tienen que cambiar de habitación, pues durante los dos años de misión les toca trasladarse a distintos lugares del país.

El hecho de andar en las calles, ya sea en nuestra capital o en otro lugar, representa un peligro, pues se exponen a ser asaltados o agredidos. Se han conocido casos de misioneros que han sido asaltados, pero hasta el momento no les han ocasionado ninguna agresión que los remita al hospital.

Muchos tenemos idea que estos chavalos, por estar comprometidos con su religión, no tienen tiempo para divertirse ¡nada de eso! Al igual que todos los jóvenes, ellos se divierten con sus amigos. La organización de la Iglesia siempre hace fiestas para que puedan divertirse sanamente.

Además, su misión no consiste únicamente en andar por las calles visitando a las familias. El día domingo, considerado el día de reposo, llegan a la Iglesia a la reunión sacramental, donde se reparte la Santa Cena, es la reunión más importante. Luego de eso, Molina y Consoliver imparten una especie de clases en donde tratan temas referentes a la religión.

Por ahora, ambos se preparan para salir a la calle y así continuar predicando el evangelio.

LA NICA MORMONA

Lubianka Sánchez llegó a la Iglesia mormona por medio de unos misioneros hace un año y nueve meses. “Cuando iba a ingresar a la Iglesia hice una oración y pregunté si en realidad esto es lo que yo tenía que hacer, y es por eso que estoy aquí”, relata Sánchez, quien más de una vez fue modelo del suplemento.

Según nos dijo, formar parte de esta Iglesia le ha ayudado a convertirse en una persona paciente, también ha logrado fijar sus metas y darle un sentido a su vida.

Las mujeres también pueden ser misioneras. Su nombre de pila se cambia por “Hermana”, por ejemplo: Hermana Sánchez. La misión de ellas sólo dura año y medio, y a Lubianka le gustaría vivir esa experiencia.

“La experiencia de estos chavalos cambia su vida para siempre, pues para ellos no hay honor más grande que poder llevar el evangelio a todos aquéllos que quieran arrepentirse y perfeccionar su vida en Cristo”, finaliza.

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Fuente: http://www.laprensa.com.ni/2010/10/01/suplemento/aqui-entre-nos/2885

 

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